REMEDIO PARA LA INSPIRACIÓN
Dando vueltas en la silla, con el computador amenazante y presa del bloqueo que produce la falta imaginación y la ausencia de sentimiento, salí desesperado a la calle buscando una bocanada de aire fresco o lo que sea que se respirara en las calles de Guanajuato.
Cogí camino al centro entre niños que salían de la escuela y sus madres apresuradas por recogerles, empleados que buscaban una banca o sombra decente para el reposo de su comida y buscando la valentía para seguir con la rutina.
Me descubrí ahí, en medio de esa calle que algo tenia de histórica y algo de melancólica, sus muchas canteras le adornaban escondiendo entre sus pliegues alguna alegría o alguna victoria que de tanto ser gritada se impregno en las baldosas que yo le recorría con la indiferencia de quien no sabe el suelo que pisa.
¿Quien anduvo antes que yo este mismo camino?
¿Quién la andará después de mi? ¿Quiénes la estamos recorriendo en este momento?
No es que sea solo las personas quienes le recorren, son sueños, anhelos, tristezas andantes, añoranzas, imaginaciones, ¿Cuántas frustraciones se habrán vivido de esquina a esquina? ¿Cuántas sorpresas y sorprendidos estuvieron o estarán aquí?
¿Cuánto de todo lo que no se ha escrito y que se ha vivido? ¿Cuánto mas de lo mucho por saber?
Los caminos encierran historias que no se conocen y que tan solo podemos imaginar ó que algún afinado escritor puede reproducir, es este suelo un gran receptáculo de emociones y vivencias contenidas paso a paso, uno tras otro, ninguno igual que el siguiente, ni en tiempo, calzado, fuerza o vivencia.
Tendríamos que andar descalzos, a pie desnudo recorrer los caminos y sus calles, solo así sentiríamos del suelo su aspereza, la dureza podría decirnos entonces del carisma e impresión del espacio en el que estamos, caminarla en una fría noche para adivinar la oscuridad que puede contarnos ó una tibia mañana que nos revele las cálidas ilusiones que le pisaron.
Lo descubierto nunca seria lo mismo, pues los mismos paseantes traen consigo cumulo de emociones y vibraciones distintas, ninguna igual a la otra, las calles se convierten así en un impredecible oráculo que descifra según sea también quien le camine.
A nadie le faltaría entonces inspiración, si buscas la tonada perfecta, el enunciado correcto o la idea que te falta, quítate el calzado y anda desnudo, ya te dirán tus pasos el consejo que necesitas y la palabra que buscabas.